Encantado estoy por una rosa ajena
crecida lejos de mi jardín,
el púrpura de sus pétalos me pasmó
llevándome al extremo
de abandonar todo para cuidar de ella.
Solitaria, carecía de cuidados
rodeada de cardos y malezas,
lloraba junto al camino rogando que
amaneciera,
su aroma sangriento al sol lo vertía.
Hasta que una tarde de invierno
tímidamente me sonrió y la amé.
La rosa que amo es bella,
más que la del Principito.
Cuando besa me empapa de polen,
trastornando mi gusto con su néctar.
Sus pétalos carmesí me agasajan
dejándome en trance.
Juntos indagamos nuevos senderos
en la botánica, soy columna
de sus enredaderas y sus espinas
incrustadas en mi piel
no duelen, porque me ama.
Su savia corre por mis venas,
sus raíces se propagan
en mi interior nutriéndose
del sustrato de mi alma.
Unidos hacemos fotosíntesis.
Somos uno, ya que rayos de sol
y lágrimas de lluvia
forjaron este amor
que va en aumento.
Poema de la obra "Los Brazos de Venus"
Texto e ilustración Erasmo Rivera Pastén.

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