lunes, 15 de mayo de 2017
EL LICANTRO Y SU AMADA
Amada mía
baja del trono de cristal
desenreda tu cuerpo
del capullo de plata,
desciende de la circunferencia
a la que está atada tu alma,
deslízate para amarte.
Detén tu traslación.
Acércate a quien proteges
en las noches,
deseo probar
tu sustrato y gravedad,
quiero extraviarme en tu silueta,
cavar surcos en tus cráteres,
enseñarte como amamos
las bestias,
como deseamos los mortales.
Haz que la mar se subleve
y el planeta tiemble,
atraviesa los velos
de poemas y canciones
que te loaron trovadores
y juglares.
Ven, sacia mi sed,
quiero beber el brebaje
que oculta tu intimidad.
Rebélame el rostro
que nadie ha visto,
enséñame que hay
tras esas enaguas
que bordo el infinito.
Rasgo el silencio noctívago
para que mires,
devora mi alma,
condena mis huesos
atando mi deseo a tu cuerpo.
Desciende reina de las noches
y madre de luciérnagas.
Tu figura se incrusta
en el iris de mi ojo,
vuestra belleza revienta
mis sentidos
y esa fragancia astral
me hace desearte más y más.
Ven y destrúyeme en tu descenso,
desáseme en gloria.
Extíngueme con la escarcha
de tus labios,
quémame con el hielo de tu boca,
trágame.
Para que este aullido
resuene mas allá de tus oídos
y logre convencerte que me ames.
Poema de la Obra "Los Brazos de Venus. 2016"
Texto e ilustración Erasmo Rivera Pastén.
Todos los derechos reservados.
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