Cuando untó sus labios
en
los míos
descubrí
un nuevo té.
Caliente,
espeso, gelatinoso
con
especies desconocidas.
Me
quemé la boca
durante
esos primeros besos,
su
dulzor sedujo mi paladar
adormeciéndome
la lengua.
Le
tomé de los costados
aferrándome
a su porcelana,
ella dió calor a mis manos.
Sorbo
tras sorbo,
inhalé
bocanadas de aquel aroma
a
hierbas y frutas
del vapor de su cuello.
del vapor de su cuello.
En
cada libación
mi
gusto mutaba,
evolucionaba
gloriosamente
sin
saber que cuando
lo
bebiera todo
mi
paladar me exigiría
imperioso
otro té,
otro
té que ya no estaría.
Poema de Antología "Letras Viajeras",Acquilmar, 2017.
Texto y fotografía Erasmo Rivera.
Todos los derechos reservados.

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