Extraño mirar los cerros
en
su juego de sube y baja
desde
tu ventana.
Pero
extraño más
el
mundo que hay dentro
tras
esos cristales.
Entonces
añoro la luna,
pero
no cualquier luna
sino
la tuya,
la
que entra por el espejuelo
y
dibuja tu silueta
en
el cuarto umbrío.
Quisiera
una vez más
amanecer
entre tus sábanas
de
piel y cabellos perfumados.
Que
el canto del gallo
sea
tu boca en mi cuerpo,
tu
boca sobre mi reloj de sol
haciendo
brotar mi alma,
escurriéndola
a través de mis poros
saturados
de tu aroma.
Quisiera
abrir mis ojos
y
resbalar de tu cama
al
abismo de tu mirada.
Extraño
esa ventana
por
donde los cerros miran
el
paisaje de tu habitación.Poema de la obra Los Brazos de Venus, 2016.
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