martes, 5 de abril de 2016

HÉGIRA














Desamparados quedaron
mi armadura y mi espada,
sobre el velador abandonadas
se lamentan la pluma y tinta.
Seguí la ruta trazada por estrellas
y me desvié cuando cayeron.
Perseguí las ferrovías
hasta que acabaron los rieles,
mi rumbo se extravío por desiertos
y el viento borró mis huellas.
Despojado de mis prendas
mi espalda mudó en roca.
Soy fantasma, soy coyote,
mi espíritu corre sin detenerse
como río de golondrinas.
En medio del viento pampino,
después de tres ciclos entendí
que soy arena.
Cuando no encajé en ningún lugar
el desierto me abrió sus brazos
y tragó de un sorbo mis añoranzas.
Sólo el jote conoce mi senda,
habito remolinos de tierra
que cubren de minerales mi pelaje.
Frecuento cruces floridas
con iníciales de algún nombre.
Cementerios bolivianos,
minas cerradas, salitreras,
pueblos fantasmas, tumbas profanadas
y uno que otro soldado de la guerra del pacífico.
Mi penumbra se une a las sombras
de unos cuantos coyotes que decidieron
extraviar su identidad
en estos escondrijos de arenisca.




Poema de la obra "Los Brazos de Venus"
Texto y fotografía: Erasmo Rivera Pastén. 

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