Te recuerdo entre aromos,
tus pies calzados de hojas de pino,
cada milímetro de tu piel
deslumbraba tus encantos.
Hilos de ocaso penetraban
la arboleda iluminando tú figura.
La esencia del bosque
fusionado con tu perfume
recorría la espesura galopando el viento.
Recuerdo a nuestro
entorno aves trinando,
el agua rozando las piedras
y tu sentada sobre las rocas del arroyo,
la armonía perfecta.
Fuiste Eva,
hasta que el frío te cubrió en su tul
y buscando calor en mis brazos cedimos
cayendo al lecho
de agujas de pino.
La cabaña aún nos recuerda,
la enramada no olvida tu piel
y la brisa susurra en su manso dialecto
aquellas palabras que nos dijimos.
Aquel bosque testigo mudo
fue
morada de nuestros cuerpos
madrigueras de pasión.
Los espíritus nativos
y las hadas recrean nuestras
escenas;
recorren el sendero de musgo,
merodeando la torrentosa cascada
y se aman en el manantial
turquesa.
Una parte de ambos quedó ahí,
reviviendo como seres elementales.
Y una diminuta parte de ti se
vino conmigo.
Poema de la obra "Los Brazos de Venus"
Texto y fotografía: Erasmo Rivera Pasten.